Tabletas y educación

30 enero, 2012 § 1 comentario

La revista DIM publica en su nº 22 este artículo que escribimos Miguel Pérez, Director del Área de Producto y Proyectos de educaLine y yo: Las tabletas en la educación: ¿implica un cambio en la metodología la introducción de un nuevo dispositivo? Revista DIM-UAB nº22. A continuación dejo un extracto:

1. El desarrollo de contenidos digitales educativos y el pensamiento lateral
A los desarrolladores de contenido siempre nos toca inventar después de que inventan otros. Estamos obligados a sujetarnos a la velocidad de conexión –incluso a su inexistencia-, a los requisitos del sistema, a los tamaños de pantalla, a las capacidades del sistema operativo, a las versiones de los distintos navegadores e incluso a meternos en la cabeza del hipotético usuario y adivinar no solo que plugins tiene o no instalados, sino cuáles son sus hábitos de relación con el ordenador e Internet y sus formas de explorar la pantalla y la red. Y ahí el mundo tiende a infinito: edad, si es nativo digital o no, ocupación, intereses, etc.
A partir de ahí, diseñamos teniendo en cuenta todos estos parámetros, seleccionando a veces la solución o soluciones más extendidas, desarrollando casi siempre varias versiones de nuestro trabajo para garantizar su adaptación a distintos sistemas y personas, asegurándonos así la satisfacción de los usuarios. En este vídeo se mencionan algunos de los parámetros con los que trabajamos habitualmente:

El desarrollo de contenidos digitales es un trabajo delicado. No solo cuenta con todas las fases de un proceso editorial, casi idéntico al tradicional en papel, sino con un montón más del propio proceso digital, la interacción y el multimedia. Es absolutamente multidisciplinar y requiere un equipo de trabajo muy disciplinado y bien engrasado en las rutinas y exigencias del trabajo en equipo para alcanzar unas cotas dignas de calidad en el fondo y en la forma del contenido desarrollado. Si además hablamos de un contenido educativo, la ‘delicadeza’ del trabajo se multiplica por cien.
Cuando el trabajo es bueno, no siempre son aplicables los criterios empresariales de márgenes y planificaciones al minuto. Si hablamos de nuevas tecnologías, además, con la velocidad de innovación que comportan, uno sabe cuando empieza un proceso creativo, pero no siempre sabe cuando acaba. (Plaza Marina, 2003 y 2010)
Hasta ahora, al menos, contábamos con la seguridad de que el usuario se iba a quedar quieto sentado en su ordenador, en su casa o en el trabajo. Puede incluso que en una cafetería, en la biblioteca, en el metro, en el avión o en la piscina.
Pero Apple decidió que el futuro de la educación no era ese y todo esto cambió. Las empresas tienen que inventar para salir adelante, casi constantemente, utilizando el pensamiento lateral y disruptivo. Un buen ejemplo es el de la industria de la impresión, que abarató el coste de la impresora hasta mínimos impensables para hacerlas más asequibles al público en general. ¿Perder? No perdía, porque derivó los costes a los cartuchos de tinta. Un coste menor, pero recurrente a lo largo del ciclo de vida de la impresora. No solo ingenioso, sino también eficaz: quienes así lo hicieron se quedaron con el mercado. O el de las barritas de cereales para el desayuno. Hasta su aparición, las personas estábamos obligadas a sentarnos ante una mesa para comer cereales. Con la llegada de las barritas de cereales el usuario se liberó de la tiranía de la silla, el bol y la leche, y salió a la calle a comerse su barrita en el trayecto a la oficina. (Trías de Bes y Kotler, 2004)

Didáctica con la cámara del iPad en el Burley School, Chicago, EEUU


2. La introducción de las tabletas
Esto mismo es lo que está pasando con el iPad y con las tabletas en general. No solo altera el propio espacio del contenido –la pantalla es pequeña, aunque ya tuvimos que vérnoslas por esto con los netbooks-, sino que altera el comportamiento del usuario, su relación con la máquina y sus hábitos de trabajo: algo revolucionario. Por supuesto, la tecnología móvil ya anunciaba esta revolución, pero las pantallas de los móviles siguen ofreciendo un espacio muy escaso y ampliar y reducir es una gran solución, pero no es muy operativa. Las tabletas permiten trabajar con un espacio suficiente para tener contexto y para navegar sin perder de vista las referencias. A diferencia del móvil, permiten desarrollar estrategias didácticas y metodologías que ya podíamos emplear con otros dispositivos, ordenadores y netbooks.
De hecho, la decisión de Apple de desarrollar herramientas -presentadas la semana pasada- para crear libros de texto digitales se ha dirigido a su tableta iPad y no al formato del móvil (Apple, 2012).
El iPad publica libros de Pearson, McGrawHill y Houghton Mifflin Harcourt

Apple prefiere su dispositivo iPad para los libros de texto digitales.

Otra cosa son las adaptaciones al móvil, como soporte alternativo: la inmensa mayoría de los productores estamos trabajando ya en proyectos de síntesis y adaptación a ese formato, trabajando en la simplificación del objeto de aprendizaje pero manteniendo sus relaciones y contexto.

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