El mal de Google o a ver cómo aprendemos ahora

21 febrero, 2012 § Deja un comentario

Hace ya unos años que Nicholas G. Carr, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) nos avisaba de que Internet estaba cambiando nuestro cerebro, según iba cambiando nuestra forma de leer y nuestra forma de pensar:

>>>>>Asegura que ya no piensa como antes. Le sucede sobre todo cuando lee. Antes se sumergía en un libro y era capaz de zamparse páginas y páginas hora tras hora. Pero ahora sólo aguanta unos párrafos. Se desconcentra, se inquieta y busca otra cosa que hacer. La lectura profunda que solía suceder de forma natural se ha convertido en un esfuerzo”, señala Carr en el provocador artículo Is Google making us stupid? (¿Está Google volviéndonos tontos?)”<<<<

El mismo Vargas Llosa glosó el hecho, alertado por el irrefrenable avance del deterioro lector y la pérdida de capacidad de concentración que Nicholas G. Carr narraba en su último libro The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011),que fue finalista del premio Pulitzer el año pasado:

>>>>>Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.

[…Así las cosas, los alumnos] acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?<<<<<

Sin embargo, lo que para Vargas Llosa es una catástrofe (que seguro lo es para la forma que conocemos ahora de hacer literatura), aunque parezca lo contrario, en otros órdenes se convierte en una herramienta poderosa para hacer al ser humano más poderoso desde el punto de vista de la cognición y sus capacidades asociadas (resolución de problemas, pensamiento crítico, pensamiento creativo). Eso que llama Vargas Llosa "mariposeo cognitivo" es una forma de acercarse a la realidad a la que es necesario dar respuesta, desde el aprendizaje y desde la educación: las propuestas de revolución de la educación abandonando el currículum para potenciar el desarrollo del talento individual de Ken Robinson, o de abandonar el aprendizaje memorístico, porque Google e Internet en general se han convertido en nuestra memoria auxiliar, son dos buenos ejemplos de por dónde pueden ir las cosas.

Si a esto añadimos que el mlearning ha irrumpido en los procesos de enseñanza-aprendizaje, parece evidente que nos enfrentamos a un nuevo paradigma educativo que nada tiene que ver, no ya con el que conocemos ahora, sino con las numerosas propuestas de cambio motivadas por la introducción de las nuevas tecnologías que se han producido hasta la fecha.
Y si afecta a los alumnos, también afectará a la forma de aprender de los profesores, en la medida que es posible extraer un beneficio seguro en el aprendizaje rápido de nuevas destrezas y conocimientos.

De todo esto hablaré mañana, en educ@party, con el grupo DIM, dentro del marco de Expoelearning.

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